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UNA CLASE DIFERENTE

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1- QMEV NO TENGAIS MIEDO


NO TENGAIS MIEDO

Empiezo la nueva sección con la frase con la que comenzó Juan Pablo II su pontificado, la frase que aparece más de 350 veces en la Biblia:

¡NO TENGAIS MIEDO!

Pero, ¿Miedo? ¿Miedo a qué?
¡Cargamos con tantos miedos cada día!
¿Cuáles son tus miedos?
Quizá todos se resumen en uno: miedo a VIVIR
¡Qué paradoja! Nos desgastamos día a día protegiendo nuestra vida, y sin embargo por proteger esa vida la estamos perdiendo.

Quien pierda su vida, la salvará (Mc. 8,35)

¡Vamos allá!
Que el miedo no te paralice, que el miedo no te impida lanzarte a la vida.

Analicemos los miedos.
Tenemos miedo a lo de fuera y a lo de dentro.
Miedo a lo exterior y miedo a nuestro interior.
Miedo a las circunstancias, a las personas, a los acontecimientos y a sus consecuencias, y miedo a nuestra esencia, a nuestra naturaleza, miedo a nosotros mismos.

Empecemos por el miedo a lo de fuera
¿Qué sabemos? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo de lo que nos sucede?
Si haces un poco de memoria podrás darte cuenta de que las preocupaciones que te atenazaban de pequeño, ésas que eran el centro de tu mundo se desvanecieron y perdieron importancia porque el tiempo da una perspectiva que mitiga lo que en realidad es solo aparentemente definitivo en el presente. Al final, nuestro miedo presente, ante una perspectiva amplia, se acaba convirtiendo en un grano de arena en un inmenso desierto.

No tengas miedo a equivocarte. Porque, al fin y al cabo, nuevamente me pregunto, te pregunto, ¿Qué sabemos?
Equivocarse es realmente útil. Equivocarse es una buena forma de aprender, se aprende más de las equivocaciones que de los éxitos. Si nunca te hubieras equivocado, jamás habrías llegado al sitio en el que ahora estás. Justo en este instante estás donde debes estar.
En Dios, todo está en su sitio. ¡NO TENGAS MIEDO!

Recemos como San Francisco:
“Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que puedo cambiar
y sabiduría para poder diferenciarlas”

Ahora adentrémonos en la interioridad, miedo a lo de dentro, miedo a ti mismo.
Tengo grabado en mi ser aquellos días de otoño del 96 cuando unos ejercicios espirituales me pusieron frente a mí sin remedio, sin escusas, sin poder escaquearme un segundo más.
El miedo me paralizaba y sólo sabía llorar, llorar ante el Sagrario, un Sagrario silencioso, un Sagrario que no daba señales, un Sagrario ante el que estaba porque, no sabía dónde más podría estar si no.
Lloré, lloré desconsoladamente, lloré sin saber bien porqué lloraba, y seguí llorando. Días y días. ¿Por qué lloraba así? Por miedo, ¡pánico!
Me aterraba mirar hacia dentro, hacia mi interioridad. ¡Uf, qué vértigo!
Tantos complejos, tantos defectos, tantas limitaciones, ¡tanto de tanto y de todo lo peor!
Ese miedo logra su objetivo si no lo afrontas: que nunca te conozcas. Pero resulta que si no te conoces, andarás perdido toda tu vida. Vagando por quién sabe qué senderos tortuosos.
El último día de mis ejercicios llegaron a mis oídos las notas de una canción: NADIE TE AMA COMO YO, MIRA LA CRUZ, FUE POR TI, FUE PORQUE TE AMO. ¡Todo se transformó de repente!
Que Dios ama lo que eres tal y como eres, con todo lo que sale de tu cuerpo, de tus sentimientos, pensamientos, sueños, anhelos y recuerdos. Que Dios te abraza en tu realidad. Quien mejor te conoce, TE AMA. ¡ÁMATE!

¿Cuál es el mandamiento de Jesucristo? Ama al prójimo, COMO A TI MISMO
¿Por qué te desgastas creyendo que amas al prójimo cuando aún no has aprendido a amarte a ti mismo?
Y ¿Por qué no te amas si Dios te ama?
Despídete ya del ese ser ideal que te gustaría encarnar, deja de querer al que imaginas que puedes llegar a ser. Ya que de ahí surge uno de los mayores dolores del mundo: pretender ser o tener algo distinto de lo que somos o tenemos. Esas fantasías perpetúan tu guerra interior contra lo que no te gusta de ti mismo y que tratas de destruir.
Ama tu imperfección, ¿quién sabe si la auténtica perfección es justamente lo imperfecto que eres?
Mira de frente esa imperfección, no te alejes de ella, toma conciencia de su existencia y aprovéchala al servicio de la vida. ¡Dale la vuelta a la tortilla!
Dios te ama ahora, en tu realidad presente, en tu ahora. ¿A qué esperas para amarte tú?
Asúmete, acéptate, ámate. Sé responsable de lo que vives y experimentas en cada momento, hazle un espacio, obsérvalo y vívelo con benevolencia, por difícil que sea, y sácale partido.
El libro La libertad interior, de Jaques Philippe concluye con un texto perfecto:
“No tengas miedo de ti mismo, no tengas miedo de lo que eres. Tu realidad es la realidad que afronta cualquier ser humano en la que Dios planta su tienda para habitar en ti.
Emmanuel: Dios con nosotros, Dios contigo, Dios con tu realidad, ábrete a tu realidad. VUELA.
Dios está contigo, no como espectador sino como alguien que te AMA, que se une a ti, que se ofrece para salvarte, para quedarse siempre contigo, amándote, amándote siempre, ¡VUELA!”

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