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UNA CLASE DIFERENTE

TEMPORADA 2 UNA CLASE DIFERENTE 21(temp 2) Nos acompaña Rebeca Díez Gutiérrez, compañera, profesora de religión de Educación Infanti...

¿YO ELIJO?




Escucho asombrada a una de mis alumnas más pequeñas, que tan solo tiene 12 años, reconocer que está “enganchada” al móvil. Ha pasado toda la noche colgada de él, escribiendo a “gente”, según me dice, y la pobre tiene una cara de sueño que no puede con ella. Me ha confesado que en los encuentros personales no se ve capaz de comunicarse de la misma forma en la que lo hace a través del teléfono.
Vuelvo a preguntarme, y no me canso de hacerlo una y otra vez, ¿Qué estamos haciendo a nuestros jóvenes?
Estamos totalmente inmersos en una crisis económica que nos trae a todos de cabeza: políticos, dirigentes, directivos, empresarios, trabajadores por cuenta ajena, autónomos, pero, sobre todo, a quienes sufren la dura situación de estar sin trabajo y sin recursos.
En medio de tantas angustias y sufrimientos por los problemas económicos que tienen a nuestro país ahogado, uno debe pararse a preguntarse si el verdadero debate tenemos que centrarlo exclusivamente en la economía o si deberíamos ir más allá y analizar la situación desde un punto de vista más profundo porque la verdadera crisis que asola a nuestra sociedad es la Crisis de valores.
¿Qué es un valor? Valor es la cualidad que tienen tanto las personas, como las cosas y los acontecimientos, y que los hace importantes para alguien.
Evidentemente, todos tenemos valores. Nadie puede vivir sin ellos. Por lo tanto, cuando hablamos de crisis de valores no estamos diciendo que éstos hayan desaparecido, que ya no existan. El problema se centra en cuál es el orden jerárquico que hemos establecido para esos valores según la importancia que se les da. La crisis de valores está, por tanto, en cómo estamos gestionando nuestra ESCALA DE VALORES.
Valores como la autonomía, la responsabilidad,  el sentido del deber, la fuerza de voluntad, el autocontrol, están colocados en los puestos más bajos de nuestra escala de valores. De ahí el verdadero origen, no solo de la crisis económica, sino de auténticos dramas personales y familiares.
Sin embargo, nos llenamos la boca diciendo que estamos en la cultura de la “Libertad” como un valor que debe prevalecer por encima de cualquier otro valor, incluso en perjuicio de la Verdad, ¡Pero no sabemos dar buen uso a esa libertad que tanto nos gusta proclamar! Y mucho menos, sabemos enseñar a nuestros jóvenes a usarla adecuadamente.
Por ese motivo, nos estamos convirtiendo en esclavos. ¡Esclavos dependientes de tantas cosas! Esclavos incapaces de romper las cadenas del uso inadecuado y, muchas veces, exagerado de las nuevas tecnologías, del empleo de un tiempo excesivo dedicado al ocio, de la búsqueda del placer por el mero y simple placer.
Así que en nombre de la libertad, estamos más encadenados que nunca a cosas superfluas y pasajeras. En detrimento de los valores que toda sociedad necesita para prosperar.
Un claro ejemplo es el acceso libre al aborto, caldo de cultivo propicio para fomentar justamente ese descenso en los puestos en la escala de aquellos valores tradicionales que en su día llevaron a nuestros antepasados a una etapa de progreso positivo y avances al servicio del ser humano.
¿Por qué? Un planteamiento muy frecuente a favor del aborto en embarazos imprevistos de mujeres jóvenes es el siguiente: "Nunca ha sido capaz de responsabilizarse de nada, ahora tampoco podría hacerlo de su hijo."
¿Cómo vamos a lograr que esa mujer llegue a alcanzar el grado de madurez y de responsabilidad suficientes y necesarias en su vida si ante el hecho de tener que enfrentarse a una de las mayores responsabilidades que jamás tendrá le estamos empujando a eliminar a su hijo, y así, terminar de raíz con su oportunidad de lograr ser y hacerse responsable gracias a esa nueva vida?
¿Cómo podremos exigir algún día a esa mujer que se haga responsable de algo si le hemos mutilado su capacidad para comprometerse seriamente con algo? Eso sí, siempre lo justificamos argumentando que es por su propio bien. ¡Menuda hipocresía!
¡Debemos salir del encasillamiento en el que estamos metidos!, ¡Dejemos a un lado lo superficial!, ¡Vayamos a las entrañas del ser humano y profundicemos en él para descubrir y cubrir sus verdaderas necesidades! ¡Volvamos la mirada a Dios!, porque así, y sólo así, podremos superar ésta y cualquier otra crisis.


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